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Después de 50 años, Alejandro Jerez recuperó su nombre y una historia sigue esperando respuestas.

Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau tenía 22 años cuando fue secuestrado en Córdoba en 1976. El Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar sus restos medio siglo después. Su compañera, Susana Noemí Huarte, continúa desaparecida y todavía se busca al hijo o hija que pudo haber nacido durante su cautiverio.

Cincuenta años después de su secuestro, la ciencia permitió devolverle un nombre a Alejandro Ernesto Jesús Jerez Bodereau y abrir un nuevo capítulo en una historia atravesada por el terrorismo de Estado, la desaparición y una búsqueda familiar que nunca terminó.

Alejandro tenía 22 años. Estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, trabajaba en IKA-Renault, militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y era padre de una niña.

El 5 de mayo de 1976 fue secuestrado en barrio Alberdi, en la ciudad de Córdoba, junto a su compañera Susana Noemí Huarte, quien estaba embarazada.

Susana continúa desaparecida.

Y hay otra búsqueda que permanece abierta: la de su hijo o hija, que podría haber nacido durante el cautiverio y cuya identidad todavía se intenta restituir.

Un nombre recuperado desde Loma del Torito

Los restos de Alejandro fueron recuperados en Loma del Torito, dentro de la zona militar de La Calera, vinculada al circuito represivo de La Perla.

La identificación fue posible a partir del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, mediante estudios genéticos y la comparación con muestras familiares y perfiles aportados por el Banco Nacional de Datos Genéticos.

La Perla fue uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la última dictadura. Entre 1976 y 1978, miles de personas permanecieron secuestradas allí.

Los trabajos realizados en Loma del Torito permitieron recuperar e identificar a numerosas víctimas, reconstruyendo, décadas después, parte de aquello que el terrorismo de Estado intentó borrar.

Una búsqueda que todavía no terminó

La identificación de Alejandro permite a su familia conocer finalmente parte de la verdad sobre su destino. Pero su historia permanece incompleta.

Susana sigue desaparecida. Su hijo o hija continúa siendo buscado.

Medio siglo después, cada identificación demuestra que el paso del tiempo no consiguió cerrar las preguntas que dejó la dictadura.

Hay nombres que regresan. Familias que finalmente encuentran respuestas. Identidades que todavía esperan ser restituidas.

Y mientras exista una sola de esas preguntas sin responder, la búsqueda continúa.

Memoria, Verdad y Justicia.

Raíces Digital: Objetivos, pero no imparciales.