Cuba y Rusia ensamblan futuro: integración industrial contra el bloqueo
Con una planta de ensamblaje activa y 500 vehículos proyectados al año, Cuba y Rusia dan un paso estratégico hacia la soberanía tecnológica. Mientras otras naciones ajustan, ellos producen.
En medio de un escenario global tensionado por guerras económicas, sanciones, bloqueos y retrocesos neoliberales, Cuba y Rusia vuelven a tender puentes de integración productiva, esta vez sobre ruedas: la isla recibió el primer lote de vehículos todoterreno UAZ Patriot ensamblados localmente, en una planta construida en asociación con la firma rusa ECHO-Export.
El proyecto, que comenzó en abril de este año con la visita del viceprimer ministro ruso Dmitri Chernyshenko, busca ensamblar vehículos adaptados a las condiciones climáticas y viales del Caribe, a partir de kits enviados desde Rusia. La capacidad proyectada de la planta es de 500 unidades anuales, y ya se anunció el próximo arribo del modelo UAZ Pickup.
“No es solo un auto. Es soberanía, es desarrollo, es industria nacional naciendo bajo bloqueo”, señalan fuentes del gobierno cubano. Y no es exagerado.
La producción local de bienes estratégicos —aunque sea parcialmente ensamblada— representa para Cuba un avance significativo en el camino hacia su autosuficiencia industrial. No solo rompe parcialmente el cerco comercial que impone el bloqueo norteamericano, sino que además establece una relación bilateral concreta con Rusia en términos de transferencia tecnológica y cooperación a largo plazo.
El acuerdo fue firmado entre la empresa estatal cubana EISA y la firma rusa ECHO‑Export SRL, y forma parte del nuevo plan de reindustrialización impulsado por La Habana, donde la soberanía energética, alimentaria y tecnológica se piensan como trincheras clave frente a la crisis global.
Producir es resistir
En un continente donde la palabra “ensamblaje” suele asociarse a maquilas y explotación, el modelo cubano ofrece un matiz diferente: no se trata de fabricar para exportar sin valor agregado, sino de crear capacidades propias para abastecer al país, en clave de soberanía.
Mientras tanto, en gran parte de América Latina, el discurso dominante impone la “libertad de mercado”, la eliminación del Estado y el endeudamiento eterno con el FMI.
Cuba, con sus dificultades estructurales y su economía en tensión, apuesta a otro camino: el de la integración multilateral con potencias no alineadas, y el fortalecimiento de una industria que nace bajo presión, pero no se arrodilla.

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