El poder de frenar el autoritarismo: Congreso, pueblo y conciencia en las urnas

El Congreso demostró que puede ser un freno al autoritarismo de Javier Milei, que gobierna con decretos para desmantelar el Estado, entregar recursos a corporaciones extranjeras y reprimir a quienes se oponen. La unidad legislativa y la movilización en las calles son claves para defender la democracia, los derechos sociales y la soberanía nacional.
✍️ Editorial | Raíces Digital
La última sesión en el Congreso de la Nación volvió a demostrar que, cuando hay voluntad política y compromiso con el pueblo, es posible frenar el avance del autoritarismo y la entrega. El Senado rechazó cinco decretos de Javier Milei, entre ellos el DNU 461/25 que pretendía disolver la Dirección Nacional de Vialidad, la eliminación de organismos técnicos como el INTI y el INTA, la modificación del Banco Nacional de Datos Genéticos, cambios en la marina mercante, y otras desregulaciones que ponían en riesgo la seguridad vial, el control estatal y la soberanía en sectores estratégicos.
En la misma jornada, el Senado aprobó la Ley de Emergencia Pediátrica para el Hospital Garrahan, una conquista que revela lo que puede lograrse cuando las mayorías legislativas se alinean con las necesidades de la gente y no con los dictados del mercado.
Estos decretos frenados no eran medidas inocuas: eran proyectiles dirigidos contra el Estado, con la misión de desmantelar áreas esenciales, dejar sin control la explotación de nuestros recursos, y abrir la puerta a negocios para corporaciones extranjeras y grupos económicos sin conciencia social. La desregulación, presentada como modernización, es un arma letal que ya muestra sus consecuencias: muertes por consumo de anfetaminas, tragedias ante las cuales el régimen de Milei se desentiende como si las vidas humanas no valieran nada.
Aquí el rol de las grandes empresas de comunicación queda desnudamos: son cómplices. Cuando estas muertes suceden bajo un gobierno popular, los medios del poder real bombardean 24 horas con titulares y operaciones, no por genuino interés en las personas, sino para desgastar y desprestigiar. Hoy, en cambio, guardan silencio o minimizan, porque el inquilino de la Casa Rosada sirve a sus intereses.
El régimen de Milei se sostiene sobre cuatro pilares bélicos:
Represión, ajuste, desregulación y negocios para las corporaciones extranjeras.
A esto se suma su obediencia servil a los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos, alineando la política exterior y económica del país a las órdenes de Washington. La represión no es un hecho aislado: es una estrategia planificada, que consume millones de dólares del presupuesto público en equipamiento y logística para reprimir al mismo pueblo que paga esos impuestos. Sin represión no podrían imponer el ajuste: es su única garantía para que la entrega avance.
Frente a esta ofensiva, la sesión del Congreso fue una señal: Senadores y Diputados mayoritariamente del campo popular, respaldados por la movilización social, demostraron que es posible detener el avance del saqueo. Pero no alcanza con celebrar. En octubre, cuando votemos, no se trata solo de nombres: se define si tendremos un Congreso que frene o que habilite la destrucción del Estado.
No se puede votar a nuestros verdugos. Se necesitan legisladores consecuentes con el pueblo y con los sectores más vulnerables, que impulsen leyes para proteger el agua dulce, la tierra, los bosques, los mares y ríos, que pongan límites a la megaminería, al fracking y a los desmontes. La defensa del medio ambiente, la soberanía alimentaria, la industria nacional y los recursos estratégicos no es un lujo: es la condición de supervivencia de la Nación.
La experiencia es clara: sin movilización popular, las bancas del Congreso quedan expuestas al lobby del poder real. La calle, las plazas, las escuelas, las universidades y los sindicatos etc son el soporte que impide que la democracia sea barrida por el dinero y la violencia institucional.
Hoy, con hambre, desocupación, abandono estatal y un clima de incertidumbre, votar con conciencia es más urgente que nunca. No se trata de dejarse arrastrar por el enojo manipulado por los medios del poder, sino de elegir en defensa de un proyecto de país soberano, justo y humano. El Congreso puede ser un escudo contra el autoritarismo o un engranaje de la entrega. La diferencia la marcará el voto consciente del pueblo… y su decisión de no rendirse.