Falsos profetas digitales: cuando el odio se disfraza de fe

En cada campaña electoral, las redes sociales exponen a quienes predican el amor y el perdón mientras siembran odio y agresión. No son trolls: son personas reales que, desde la comodidad de un perfil, contradicen los valores que dicen defender.
Editorial Raíces Digital
En tiempos de elecciones, las redes sociales se convierten en escenario de una paradoja que debería avergonzar a nuestra sociedad. No hablamos de cuentas anónimas ni de operadores políticos, sino de personas reales, con nombre y apellido, que ante una publicación de campaña, una opinión personal o un comentario político, reaccionan con insultos, difamaciones y burlas.
Lo inquietante es que, al ingresar a sus perfiles, abundan las frases religiosas, versículos bíblicos, fotos en templos, declaraciones de fe y mensajes sobre el amor al prójimo. Muchos de ellos participan activamente de comunidades católicas o evangélicas. Sin embargo, en el espacio público digital —donde la mirada es más amplia y diversa—, su discurso se transforma en un arsenal de odio.
📌 El falso profeta en tiempos de redes
En las escrituras, el falso profeta es aquel que aparenta servir a Dios, pero en realidad persigue sus propios intereses o termina sirviendo a causas contrarias al mensaje que dice proclamar.
Jesús advirtió: “Por sus frutos los conocerán”. Es decir, no por lo que declaran, sino por lo que hacen.
En las redes sociales de hoy, el falso profeta no necesita púlpito ni micrófono: le alcanza con un perfil y una conexión a internet para predicar una cosa y practicar otra. Son quienes hablan de perdón y misericordia, pero no dudan en degradar, agredir y deshumanizar a quien piensa distinto.
En esa contradicción, la fe deja de ser un compromiso ético para convertirse en una credencial vacía: una imagen para mostrar, no una guía para vivir.
📌 La normalización del odio
No se trata solo de una incoherencia individual. Es parte de un clima social en el que la polarización y el discurso de “enemigos” justifican cualquier atropello. Se ha instalado la idea de que la política es una guerra donde todo vale, incluso traicionar los valores más elementales de respeto y humanidad.
El resultado es devastador: la fe se convierte en un estandarte decorativo, mientras la conducta diaria —en público y en privado— niega de raíz el mensaje que dice defender.
📌 Un llamado incómodo
Raíces Digital no busca sermonear, sino poner frente al espejo a una parte de la sociedad que prefiere no mirarse.
Si alguien se reconoce en estas líneas, tal vez sea el momento de preguntarse si está viviendo de acuerdo a lo que predica.
Porque no hay campaña, candidato ni ideología que justifique convertirse en lo que uno dice rechazar.
Y porque, al final, el verdadero creyente no necesita gritar su fe en una red social: la demuestra en cada palabra y en cada acto.