Quienes integran el Congreso de la Nación no legislan solo para su provincia, aun cuando hayan sido electos en ella. Cada voto impacta sobre el conjunto del país. Por eso, ningún legislador puede ampararse en un beneficio sectorial, local o circunstancial para avalar decisiones que perjudiquen al pueblo argentino en su conjunto. La representación es federal en el origen, pero nacional en la responsabilidad.
La democracia no se reduce al acto electoral. Se sostiene en la relación viva entre representantes y representados, en el contacto con la realidad social, en la escucha activa de las demandas populares y en la capacidad de volver al territorio, de caminar los barrios, de dialogar con la militancia y con quienes pusieron el cuerpo para que esas bancas existan. Sin ese vínculo, la representación se vacía de contenido.
En el Congreso conviven distintos tipos de legisladores. Están quienes responden al poder económico real, quienes actúan en función de un dirigente, quienes priorizan la lógica partidaria y quienes asumen, con coherencia y compromiso, que su mandato principal es con el pueblo. Esa diferencia no es abstracta, se expresa en cada ley, en cada votación clave, en cada silencio y en cada ausencia.
La banca no otorga un cheque en blanco. Otorga una obligación política, ética y democrática. Cuando se legisla a espaldas de la sociedad, cuando se vota contra el interés popular o cuando se naturaliza el ajuste, la exclusión y la pérdida de derechos, lo que se debilita no es solo una política pública, sino la confianza democrática.
Desde Raíces Digital sostenemos que la representación debe volver a pensarse como un ejercicio colectivo, anclado en la realidad concreta del pueblo trabajador, de las provincias, de quienes sufren las consecuencias de decisiones tomadas lejos de la vida cotidiana. Legislar no es administrar poder, es asumir responsabilidades.
En tiempos de crisis social, económica y política, la democracia necesita representantes que no se escondan detrás de excusas, ni de obediencias automáticas, ni de cálculos personales. Necesita diputadas y diputados, senadoras y senadores que comprendan que su rol no es adaptarse al poder, sino expresar y defender los intereses populares.
Porque cuando la representación se desconecta del pueblo, la democracia se vacía. Y cuando la política vuelve a enraizarse en la realidad social, la democracia se fortalece.
Raíces Digital
Objetivos, pero no imparciales