Bolivia arde: trabajadores, movimientos populares y la Central Obrera desafían el ajuste de Rodrigo Paz
Huelgas, marchas y bloqueos atraviesan Bolivia en medio de una creciente crisis económica y política. La Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos mineros, organizaciones campesinas y sectores populares encabezan una fuerte resistencia contra las medidas impulsadas por el gobierno de Rodrigo Paz, al que acusan de profundizar el ajuste, deteriorar las condiciones de vida y avanzar sobre recursos estratégicos del país.
Bolivia vive días de fuerte tensión social. Las calles de La Paz, El Alto y distintas regiones del país comenzaron a llenarse de trabajadores, organizaciones sociales y movimientos populares que decidieron enfrentar las políticas económicas del actual gobierno.
El conflicto comenzó tras la eliminación de subsidios a los combustibles y el aumento del precio de la gasolina y el diésel, medidas que rápidamente impactaron sobre el costo de vida y provocaron una fuerte suba en alimentos, transporte y productos básicos.
Pero el malestar social no tardó en transformarse en algo mucho más profundo.
Con el correr de las semanas, las movilizaciones empezaron a expresar también el cansancio acumulado por la inflación, el deterioro salarial, la crisis de abastecimiento y el temor a un proceso de privatización de empresas estratégicas y recursos naturales bolivianos.
En ese escenario volvió a tomar protagonismo histórico la Central Obrera Boliviana, una de las organizaciones sindicales más importantes de América Latina y pieza clave en muchas de las grandes luchas sociales y políticas del país.
La COB, junto a sindicatos mineros, docentes, organizaciones campesinas y sectores populares, sostiene que lo que hoy está en discusión no es solamente una cuestión económica.
Para miles de trabajadores bolivianos, el conflicto también representa una defensa de la soberanía nacional, de las empresas públicas y de recursos estratégicos como el litio, el gas, el agua y las llamadas “tierras raras”, cada vez más codiciadas a nivel mundial.
En las marchas y documentos difundidos durante las protestas aparecen fuertes cuestionamientos al gobierno de Rodrigo Paz por el aumento del precio de alimentos básicos, la crisis del combustible, el deterioro del poder adquisitivo y la posibilidad de avanzar sobre empresas estatales históricas.
También crecen las críticas por la presencia de asesores extranjeros vinculados al gobierno y por medidas consideradas contrarias a los intereses nacionales y populares de Bolivia.
La situación se volvió todavía más delicada luego de los enfrentamientos registrados entre manifestantes y fuerzas de seguridad, en medio de denuncias por represión, heridos y víctimas fatales durante los operativos policiales y militares.
Mientras el gobierno sostiene que las medidas económicas son necesarias para estabilizar la economía boliviana, las organizaciones movilizadas denuncian que el ajuste vuelve a recaer sobre el pueblo trabajador.
Por eso las protestas comenzaron a tomar un tono cada vez más político.
En las calles ya no solamente se reclama por salarios o combustibles. También se escucha una defensa abierta de la patria, de la soberanía y de los recursos naturales frente a políticas que amplios sectores consideran una amenaza para el futuro del país.
En Bolivia, el movimiento obrero tiene una profunda tradición histórica ligada a las luchas populares, a la defensa de los recursos estratégicos y a la resistencia contra proyectos de entrega y privatización.
Y esa memoria volvió a aparecer con fuerza en las calles.
Porque para gran parte de quienes hoy se movilizan, la pelea no es solamente contra un ajuste económico.
Es también una disputa por el rumbo político y social de Bolivia.

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