La crisis también es de silencios
Vivimos tiempos de crisis. Una crisis económica que golpea los bolsillos, una crisis social que deja a millones de argentinos con incertidumbre sobre su futuro y una crisis política que profundiza la distancia entre quienes toman decisiones y quienes padecen sus consecuencias.
✍️ Alejandro Garzón
Pero hay otra crisis de la que se habla menos: la crisis de la participación.
Cada vez es más común escuchar que la opinión de la gente no cambia nada, que involucrarse no sirve o que las decisiones ya están tomadas de antemano. Cuando esa idea se instala, la democracia pierde fuerza y la sociedad se vuelve más débil.
Por eso creo que democratizar la palabra es una tarea urgente. No para que hablen más los dirigentes, sino para que hablen más los trabajadores, los jubilados, los jóvenes, los vecinos y todos aquellos sectores que durante años fueron postergados o directamente ignorados.
Democratizar la palabra significa generar espacios para el debate, para el intercambio de ideas y para la construcción colectiva de propuestas. Significa recuperar el valor de la opinión y entender que nadie conoce mejor los problemas que quienes los viven todos los días.
Muchas veces se habla de participación, pero se escucha poco. Se convoca, pero no se debate. Se informa, pero no se consulta. Y así, poco a poco, se van apagando voces que son indispensables para construir una sociedad más justa y una democracia más fuerte.
No hay organización popular, sindicato, partido político o institución que pueda crecer de espaldas a su gente. Cuando la palabra circula, aparecen ideas nuevas, se fortalecen los vínculos y se construyen soluciones colectivas. Cuando la palabra se concentra, crecen el desinterés, la desconfianza y el silencio.
Quizás uno de los desafíos más importantes de este tiempo sea volver a escucharnos. Recuperar el debate, la participación y el compromiso de quienes durante demasiado tiempo fueron espectadores de decisiones tomadas por otros.
Porque la democracia no se debilita solamente cuando faltan recursos o derechos. También se debilita cuando el pueblo deja de hablar.

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