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20 de septiembre de 1909: el día que el ferrocarril comenzó a abrirse camino en Santa Cruz

Hace 117 años, una locomotora avanzó por primera vez sobre los rieles recién tendidos en Puerto Deseado. Era la Nº 163 y aquella jornada inauguraba la primera etapa de una obra que terminaría uniendo la costa con Las Heras. Santa Cruz todavía era Territorio Nacional, Manuel Vignardel era su gobernador y cientos de trabajadores habían llegado para construir un ferrocarril que modificaría para siempre el norte santacruceño.

El 20 de septiembre de 1909, el sonido de una locomotora irrumpió en un Puerto Deseado que poco se parecía a la ciudad actual.

Sobre un tramo de vía recién construido comenzó a moverse la locomotora Nº 163. Aquel recorrido inauguraba la primera etapa de una obra ferroviaria que pretendía internarse desde el Atlántico hacia el corazón de la Patagonia.

No estaba inaugurándose todavía el ferrocarril Puerto Deseado-Las Heras tal como se lo conocería después. Faltaban kilómetros de vías, estaciones, terraplenes y años de trabajo. Lo que ocurrió aquel 20 de septiembre fue el comienzo efectivo del recorrido ferroviario sobre los primeros rieles construidos desde Puerto Deseado.

Para entender la dimensión de aquella jornada hay que imaginar el lugar.

Las obras habían comenzado en mayo de 1909, bajo la dirección del ingeniero Juan A. Briano. Las reconstrucciones históricas de aquel período sitúan a Puerto Deseado con alrededor de 50 habitantes, mientras que el proyecto ferroviario llegó a requerir unos 600 trabajadores.

La comparación habla por sí sola.

Durante un período, la cantidad de hombres que demandaba aquella construcción multiplicaba varias veces la población estable del lugar. El ferrocarril no estaba llegando a una ciudad consolidada: estaba interviniendo sobre un territorio que recién comenzaba a organizarse alrededor del puerto, el trabajo y las comunicaciones.

Buena parte de los materiales llegaba por mar. Había que descargarlos y llevarlos hasta el lugar donde comenzaría el tendido. Después venía el trabajo sobre la tierra: preparar el terreno, levantar terraplenes, acomodar durmientes, colocar rieles y construir las instalaciones que permitirían avanzar hacia el oeste.

Allí aparecen hombres cuyos nombres, en su enorme mayoría, no quedaron registrados en los relatos tradicionales.

Había peones, ferroviarios, inmigrantes y trabajadores de distintos oficios. Entre ellos estuvieron los picapedreros que dejaron su trabajo en la piedra labrada de la estación de Puerto Deseado.

Sin esas manos, la locomotora Nº 163 no habría tenido rieles sobre los cuales avanzar aquel 20 de septiembre.

Pero la llegada de centenares de trabajadores también transformó las relaciones sociales de aquel pequeño Puerto Deseado.

Y allí aparece una parte menos conocida de esta historia.

Las investigaciones realizadas por el historiador Miguel Auzoberría y el Grupo Contraviento permitieron reconstruir aspectos fundamentales de la formación de la clase trabajadora santacruceña durante las primeras décadas del siglo XX.

Al revisar documentación de la Gobernación del antiguo Territorio Nacional, Auzoberría encontró registros vinculados directamente con quienes construían el ferrocarril.

En julio de 1909, apenas dos meses después del comienzo de las obras y antes del primer recorrido ferroviario de septiembre, 130 trabajadores fueron apartados de los trabajos. En la documentación de aquellos años fueron caracterizados por la conducción de la obra como “rebeldes y subversivos”.

El dato modifica la fotografía tradicional de aquel 1909.

Mientras avanzaban los rieles también existían reclamos, tensiones laborales y trabajadores que comenzaban a organizarse. Los conflictos continuarían durante 1910 y quedarían registrados en la correspondencia entre quienes dirigían las obras y las autoridades territoriales.

Es aquí donde aparece otro protagonista prácticamente olvidado.

¿Quién gobernaba Santa Cruz cuando comenzó a andar aquel ferrocarril?

Se llamaba Manuel Vignardel.

Para comprender su figura hay que abandonar por un momento la Santa Cruz actual. En 1909 la provincia no existía institucionalmente como tal. Santa Cruz era un Territorio Nacional y su máxima autoridad no surgía del voto de quienes vivían aquí.

El gobernador era designado por el Poder Ejecutivo Nacional.

Manuel Vignardel, abogado, gobernó el Territorio Nacional de Santa Cruz entre 1909 y 1911. Su gestión coincidió exactamente con aquellos primeros años ferroviarios y con una sociedad que comenzaba a modificarse al ritmo de nuevas actividades económicas, movimientos de población y conflictos laborales.

Su nombre hoy dice poco para gran parte de los santacruceños. Sin embargo, era la máxima autoridad política del territorio cuando la Nº 163 comenzó a rodar desde Puerto Deseado.

Aquella Santa Cruz tampoco tenía las comunicaciones que hoy parecen naturales. Las distancias eran enormes, los caminos precarios y los puertos constituían una de las principales puertas de entrada de personas, mercaderías, materiales e información.

Por eso el ferrocarril representaba mucho más que un medio de transporte.

Era una manera de ocupar y comunicar el territorio.

Desde Puerto Deseado, los rieles comenzaron a avanzar hacia el oeste. Con ellos fueron apareciendo estaciones que terminarían dejando su marca sobre el mapa santacruceño: Tellier, Pampa Alta, Antonio de Biedma, Cabo Blanco, Ramón Lista, Jaramillo, Fitz Roy, Tehuelches, Minerales, Pico Truncado, Koluel Kaike, Piedra Clavada y finalmente Las Heras.

Algunas quedaron convertidas con el tiempo en testimonios de una época. Otras acompañaron el crecimiento de poblaciones que hoy son parte fundamental del norte provincial.

El proyecto original imaginaba un recorrido todavía mayor. No llegó a concretarse en toda su extensión. Finalmente, el ramal quedó consolidado entre Puerto Deseado y Las Heras, a lo largo de aproximadamente 283 kilómetros.

Por esas vías circularon durante décadas pasajeros, trabajadores, producción y mercaderías. El tren acercó lugares que hasta entonces estaban separados por enormes distancias y acompañó el crecimiento económico y poblacional de la región.

La historia iniciada en 1909 tendría, sin embargo, un desenlace muy diferente.

En enero de 1978, durante la última dictadura militar, el ramal Puerto Deseado-Las Heras fue clausurado.

Después de casi siete décadas, las locomotoras dejaron de recorrer aquellas vías.
Pero el ferrocarril no desapareció completamente.

Quedaron estaciones, galpones, fotografías, documentos, rieles perdidos entre la estepa y, fundamentalmente, recuerdos transmitidos por generaciones de familias del norte santacruceño.

Hoy, 20 de septiembre de 2026, se cumplen 117 años de aquel primer recorrido.

Mirada desde el presente, la locomotora Nº 163 puede parecer la protagonista natural de aquella fotografía histórica. Pero alrededor suyo estaba ocurriendo algo mucho más grande.

Había un puerto diminuto recibiendo cientos de trabajadores. Había una obra nacional intentando atravesar la Patagonia. Había inmigrantes y oficios que llegaban al territorio. Había conflictos laborales.

Había estaciones que todavía no existían y poblaciones que comenzarían a crecer alrededor de las vías.

Y había una Santa Cruz que aún no era provincia, gobernada por un hombre llamado Manuel Vignardel.

Recordar el 20 de septiembre permite reunir todas esas historias.

Porque aquel día de 1909 no se inauguraron los 283 kilómetros del ferrocarril Puerto Deseado-Las Heras. Se inauguró su primera etapa y una locomotora comenzó a recorrer los primeros rieles de una obra todavía en construcción.

Después vendrían los kilómetros, las estaciones, los pueblos y décadas de trenes atravesando la estepa.
Todo comenzó con aquellos primeros rieles tendidos desde Puerto Deseado.

Y con los hombres que hicieron posible que una locomotora pudiera empezar a andar sobre ellos.

Raíces Digital: Objetivos, pero no imparciales.