Santa Cruz sin trabajo: la provincia rica que empobrece a su gente
Mientras la desocupación y la caída del empleo golpean a Santa Cruz, el gobierno provincial sigue sin una estrategia clara para transformar la riqueza del territorio en trabajo real para su pueblo.
Editorial Raíces Digital
En Santa Cruz el problema ya no es una cifra ni una proyección. Es el vecino que pierde el empleo, el comercio que vende menos, la familia que ajusta la semana para llegar a fin de mes, el joven que no consigue su primer trabajo. La desocupación y la falta de empleo empiezan a definir el clima social de la provincia y lo hacen con una crudeza que ya se siente en cada ciudad.
Ese cuadro local no está desconectado de lo que ocurre a nivel nacional. Desde que asumió Javier Milei, el país viene perdiendo empresas y puestos de trabajo a un ritmo alarmante. De acuerdo a datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo procesados por el Centro de Economía Política Argentina, desaparecen alrededor de treinta empresas por día y se perdieron más de 272 mil puestos de trabajo formales en unidades productivas, lo que equivale a unos cuatrocientos trabajadores registrados menos cada jornada. Esa sangría no queda en Buenos Aires. Se traslada directo a las provincias, y Santa Cruz la siente de lleno.
Aquí, la caída del empleo se vuelve más dramática porque golpea sobre una estructura económica frágil. Cuando se pierde trabajo en Santa Cruz no se pierde solo un salario, se rompe una cadena. Se cae el consumo, se paralizan proveedores, se vacían comercios, se enfría la actividad y la vida cotidiana se vuelve más difícil. Eso explica por qué la tensión social empieza a crecer, sobre todo en la Zona Norte, donde Las Heras, Pico Truncado y Caleta Olivia conviven con marchas, acampes, ollas populares y familias enteras reclamando algo tan básico como un empleo.
Los informes del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma y del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de Unidad Popular vienen advirtiendo este deterioro desde hace tiempo. Ambos Institutos coinciden en un punto central. El ajuste no genera empleo nuevo, lo que hace es degradar el mercado de trabajo, empujando a más gente a la precariedad y a la inestabilidad. Eso es exactamente lo que hoy se ve en Santa Cruz.
La salida de la Empresa YPF de áreas clave del norte provincial profundizó ese escenario. Cuando una empresa de ese tamaño se reordena o se retira, el impacto no queda dentro del yacimiento. Se corta el trabajo de contratistas, se apagan talleres, se achican servicios, cae el consumo y el tejido social empieza a resentirse. Es ahí donde la crisis del empleo se vuelve crisis comunitaria.
Lo más duro de este presente es que ocurre en una provincia con una enorme capacidad productiva. Santa Cruz es uno de los territorios con capacidad energética del país. El parque eólico de YPF en Cañadón León, inaugurado en 2022, aporta ciento veintitrés megavatios. La Mega Usina de YCRT en Río Turbio fue diseñada para inyectar doscientos cuarenta megavatios al sistema nacional. Y las represas sobre el Río Santa Cruz forman parte de una estrategia energética mayor que hoy permanece paralizada. Esa potencia existe, pero no está siendo utilizada para sostener empleo, industria y desarrollo local.
En lugar de una estrategia productiva propia, la provincia se alineó con el RIGI, un régimen pensado para atraer grandes inversiones con beneficios extraordinarios para los capitales. El problema es que ese esquema no obliga a generar empleo local, no garantiza compras a proveedores santacruceños y no asegura encadenamientos productivos en el territorio. Para una provincia atravesada por la desocupación, prometer inversiones que no prometen trabajo es una apuesta peligrosa.
A eso se suma otro factor que suele minimizarse pero que pesa todos los días. Los salarios bajos y la falta de paritarias salariales serias en el Estado provincial y municipal golpean de lleno al mercado interno. Cuando el trabajador estatal pierde poder adquisitivo, lo pierde toda la ciudad. El comercio vende menos, el transporte recauda menos, los alquileres pesan más. El sector público y el privado están atados por el mismo hilo, el del consumo local.
En este escenario, el gobierno de Claudio Vidal repite la consigna de “trabajo y producción”, pero no aparece una hoja de ruta que convierta esa frase en realidad. La Legislatura discute emergencias laborales recortadas a una sola localidad mientras el problema es provincial. Esa fragmentación no resuelve la crisis, apenas la administra.
Santa Cruz tiene recursos, energía, territorio y una historia marcada por la defensa del trabajo. Lo que hoy falta es conducción política para transformar esa riqueza en empleo y futuro. Y cuando eso no ocurre, la tensión social no se queda quieta.

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