Las venas siguen abiertas: Venezuela y la vigencia de Galeano
Editorial Raíces Digital | En 1971, Eduardo Galeano publicó Las venas abiertas de América Latina. No es un libro “sobre la historia”: es una lectura política de larga duración sobre cómo se construyó la dependencia en la región y cómo el saqueo fue mutando de forma sin alterar su esencia. Más de medio siglo después, lo que ocurre hoy en Venezuela vuelve a poner esa tesis en primer plano: las venas siguen abiertas.
El bombardeo sobre territorio venezolano y la captura de su presidente no pueden analizarse como hechos aislados ni como errores circunstanciales. Se inscriben en una matriz de dominación histórica que se activa cada vez que un país de América Latina intenta ejercer soberanía real sobre sus decisiones políticas, económicas y estratégicas.
Galeano explicó con crudeza que América Latina fue integrada al mundo para perder, para exportar riquezas e importar dependencia. Ayer fueron el oro y la plata; hoy son el petróleo, el gas, el litio, el agua, la biodiversidad y los territorios estratégicos. Cambian los métodos, no el objetivo. Cuando el control económico no alcanza, llegan las sanciones; cuando las sanciones fallan, la desestabilización política; y cuando eso no funciona, la violencia directa.
La injerencia del gobierno de los Estados Unidos en procesos electorales de América Latina, el Caribe y Centroamérica no es una conjetura ideológica: es un patrón histórico ampliamente documentado. Financiamiento externo, presiones diplomáticas, bloqueos económicos, operaciones de inteligencia y bases militares distribuidas en puntos clave del continente forman parte de un mismo dispositivo de control. Galeano lo llamó por su nombre: imperialismo.
Venezuela no es una anomalía. Es un caso testigo. Allí confluyen recursos energéticos estratégicos y una decisión política de no someterse plenamente a los intereses de Washington. Por eso la ofensiva. Por eso el relato que intenta justificar la agresión en nombre de valores que pierden todo contenido cuando se imponen con bombas.
En Las venas abiertas de América Latina, Galeano también señaló un elemento incómodo pero persistente: el rol de las élites locales, funcionales al saqueo, que legitiman la subordinación a cambio de privilegios, negocios o poder. Esa figura no pertenece al pasado. Sigue operando hoy, en silencios cómplices, en condenas selectivas y en discursos que evitan nombrar al verdadero responsable.
La captura de un presidente, el ataque militar contra un país soberano y la muerte de civiles producto de los bombardeos constituyen una violación flagrante del derecho internacional y de la libre determinación de los pueblos. Pero más allá de lo jurídico, envían un mensaje político a toda la región: la democracia es aceptada solo mientras no cuestione intereses estratégicos.
Por eso releer a Galeano hoy no es un gesto cultural ni una cita de ocasión. Es una toma de posición frente a un sistema que sigue organizando el mundo para que unos manden y otros obedezcan. Las venas abiertas de América Latina no anuncia catástrofes: describe una estructura. Y esa estructura vuelve a hacerse visible cuando un país es castigado por decidir su propio camino.
Lo que ocurre en Venezuela no es una excepción: es un crimen político y una agresión deliberada. Bombardear territorio soberano, provocar muertes y capturar a un presidente no son excesos ni desbordes: son decisiones conscientes de una potencia que actúa por fuera del derecho internacional. Estados Unidos no interviene como árbitro de la democracia, sino como poder que invade, condiciona y castiga cuando un pueblo decide no subordinarse.
Desde Raíces Digital no miramos esta situación con neutralidad impostada. Acompañamos al pueblo venezolano y a su proceso político, porque defender su soberanía es defender el derecho de América Latina, el Caribe y Centroamérica a existir sin tutelajes externos. Rechazamos la agresión imperial y la injerencia estadounidense, porque no hay autodeterminación posible bajo amenaza militar ni revolución viable bajo ocupación.
Esta no es una discusión de simpatías ideológicas. Es una discusión sobre poder, recursos y dignidad. Sobre quién decide el destino de nuestros pueblos. Sobre si nuestra región seguirá siendo un territorio de extracción y disciplinamiento o si será capaz de gobernarse a sí misma.
Galeano escribió para que nadie pudiera decir que no sabía. Hoy sabemos. Y saber obliga. Obliga a nombrar al responsable, a romper el silencio y a no justificar la violencia con discursos edulcorados. Obliga a elegir de qué lado de la historia se está.
Las venas siguen abiertas porque el saqueo continúa.
Cerrar esas venas no es una metáfora: es una tarea política de los pueblos de América Latina, el Caribe y Centroamérica.

Senadores: ¿A quién le van a responder cuando levanten la mano?
Cuando los números mienten y la realidad grita
¿A quién representan quienes legislan? Democracia, bancas y responsabilidad con el pueblo
Guerra cognitiva contra la producción: cómo el régimen de Milei empuja a las PyMEs al abismo
Alerta en defensa de los glaciares: Milei y gobernadores quieren entregar el agua a las multinacionales mineras.
De la Proveeduría al Neoimperialismo