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Por qué septiembre es el Mes de la Biblia y Argentina tiene un día para celebrarla

El 26 de septiembre de 1569 terminó de imprimirse la histórica Biblia del Oso, traducida al castellano por Casiodoro de Reina. Siglos después, en 2004, representantes evangélicos, católicos y ortodoxos acordaron establecer el cuarto domingo de septiembre como Día Nacional de la Biblia. Entre los firmantes estuvo Jorge Mario Bergoglio, quien años más tarde se convertiría en el papa Francisco.

Septiembre ocupa un lugar especial para millones de cristianos de habla hispana. Durante este mes, iglesias de diferentes tradiciones celebran el Mes de la Biblia, recuerdan acontecimientos fundamentales relacionados con la traducción de las Sagradas Escrituras y promueven su lectura.

En Argentina existe además una fecha particular: desde 2004, el cuarto domingo de septiembre es reconocido como Día Nacional de la Biblia.

Pero para comprender por qué septiembre fue elegido como el mes de las Escrituras hay que retroceder varios siglos.

El 26 de septiembre de 1569, en Basilea, Suiza, terminó de imprimirse una obra que marcaría profundamente la historia del cristianismo de habla española: la llamada Biblia del Oso.

Casiodoro de Reina y una Biblia para leer en castellano

La traducción fue realizada por Casiodoro de Reina, un religioso español que abrazó las ideas de la Reforma protestante y debió abandonar España en medio de las persecuciones religiosas de aquella época.


Su propósito era enorme para su tiempo: poner la Biblia completa en castellano al alcance de quienes pudieran leerla en su propia lengua.

La edición recibió popularmente el nombre de Biblia del Oso por la ilustración de su portada, donde aparecía un oso intentando alcanzar la miel de un panal.

La impresión concluyó el 26 de septiembre de 1569, con unos 2.600 ejemplares.


Décadas después, en 1602, Cipriano de Valera realizó una revisión de aquella traducción. De ese recorrido histórico surgiría la tradición bíblica conocida como Reina-Valera, que con sus sucesivas revisiones se convirtió en una de las Biblias de mayor arraigo entre las iglesias protestantes y evangélicas de habla hispana.

Por eso, para el mundo evangélico y protestante septiembre tiene un significado histórico concreto: recuerda el momento en que aquella traducción completa de la Biblia en castellano llegó a la imprenta.

Septiembre también tiene significado para los católicos

La historia tiene otro punto de encuentro.

Para la Iglesia Católica, septiembre también está profundamente relacionado con las Escrituras. El 30 de septiembre se conmemora a San Jerónimo, responsable de una de las traducciones más influyentes de la historia del cristianismo.


Jerónimo tradujo gran parte de las Escrituras al latín y su trabajo quedó asociado a la Vulgata, que durante siglos tuvo una importancia central para la Iglesia Católica.

Así, desde recorridos históricos y confesionales diferentes, evangélicos y católicos encontraron en septiembre un mes especialmente relacionado con la Biblia.

Argentina dio otro paso en 2004

En nuestro país ocurrió algo particular.

En 2004, representantes de las principales expresiones del cristianismo argentino firmaron un acuerdo mediante el cual establecieron el cuarto domingo de septiembre como Día Nacional de la Biblia.

La decisión reunió a referentes evangélicos, católicos y ortodoxos.


Entre los firmantes estuvo Jorge Mario Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina. Nueve años después, en 2013, sería elegido Papa y adoptaría el nombre de Francisco.


Pero Bergoglio fue solamente uno de los representantes que acompañaron la iniciativa.


El documento también fue firmado por Salvador Dellutri, entonces presidente de la Sociedad Bíblica Argentina; Emilio Monti, presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas; Rubén Proietti, presidente de la Federación Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina; Roberto Prieto, presidente de la Federación Confraternidad Evangélica Pentecostal; y Juan Gattinoni, secretario regional del Consejo Latinoamericano de Iglesias en el Río de la Plata.

Por la Iglesia Ortodoxa participó Tarasios, arzobispo metropolitano de Buenos Aires y exarca de Sudamérica de la Arquidiócesis Ortodoxa Griega.

El Día Nacional de la Biblia nació así de un acuerdo entre distintas expresiones del cristianismo argentino y no como una celebración exclusiva de una determinada iglesia.

¿Por qué el cuarto domingo?


Este punto suele generar confusión.

No existe en el documento de 2004 un acontecimiento bíblico o histórico específico que haya sucedido un “cuarto domingo de septiembre” y que explique por sí mismo la elección.

Antes de aquel acuerdo, la Iglesia Católica ya celebraba en Argentina el denominado Domingo Bíblico Nacional el último domingo de septiembre. Esto presentaba una particularidad: algunos años septiembre tiene cinco domingos.

El acuerdo interconfesional terminó estableciendo una fecha común y permanente dentro del mes: el cuarto domingo de septiembre.


Por eso hay que diferenciar dos cuestiones.

Septiembre como Mes de la Biblia tiene antecedentes históricos vinculados a las Escrituras. El cuarto domingo como Día Nacional de la Biblia responde al acuerdo alcanzado en Argentina en 2004.

Una celebración que atravesó las diferencias


El documento que dio origen a la celebración argentina también explicó por qué sus firmantes consideraban importante establecer una jornada dedicada a las Escrituras.

La Biblia posee para los creyentes un valor sagrado, pero sus impulsores también destacaron su enorme influencia histórica sobre la cultura.

Su presencia atravesó durante siglos la literatura, la ética, el pensamiento, la legislación y las diferentes expresiones del arte.

En una sociedad donde las distintas ramas del cristianismo mantienen diferencias doctrinales profundas, la decisión de 2004 tuvo además un significado particular: alrededor de una misma mesa se sentaron representantes evangélicos, católicos y ortodoxos para reconocer aquello que todos consideraban fundamental.

La Biblia.

Para los cristianos, una Palabra que continúa viva

Más allá de su trascendencia histórica, cultural o literaria, para quienes profesan la fe cristiana la Biblia tiene un significado mucho más profundo.

No se la considera simplemente un libro antiguo que relata acontecimientos ocurridos hace miles de años.

Es la Palabra de Dios, el testimonio que conduce a Jesucristo y una guía para la fe y para la vida.

De allí que durante septiembre numerosas congregaciones organicen cultos, encuentros, jornadas de lectura, estudios y actividades destinadas a acercar las Escrituras a sus comunidades.

La celebración recuerda también una historia marcada por hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a traducir, imprimir, distribuir y llevar la Biblia a diferentes pueblos y lenguas.

Desde aquella Biblia del Oso terminada de imprimir en septiembre de 1569 hasta las Biblias que hoy pueden leerse desde un teléfono celular, transcurrieron más de cuatro siglos.

Cambió la tecnología. Cambiaron las sociedades. Cambiaron las formas de leer.

Pero millones de personas continúan abriendo sus páginas buscando respuestas, consuelo, dirección y esperanza.

Ese es, finalmente, el sentido profundo del Mes de la Biblia: no solamente recordar la historia de un libro, sino volver a encontrarse con la Palabra que los cristianos creen viva y capaz de transformar la vida.

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