El Día del Inmigrante recuerda una disposición del Primer Triunvirato del 4 de septiembre de 1812 que promovía la llegada de personas de distintas naciones. En 1949, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, la fecha quedó instituida oficialmente. La historia migratoria argentina atravesó generaciones y continúa hoy, con una fuerte presencia latinoamericana y con raíces que también obligan a reconocer la historia afroargentina.
Cada 4 de septiembre, Argentina conmemora el Día del Inmigrante, una fecha que invita a reconocer a millones de hombres y mujeres que llegaron desde diferentes lugares del mundo y fueron incorporando su trabajo, sus conocimientos, sus costumbres, sus lenguas y sus sueños a la construcción colectiva del país.
Pero la elección del día no es casual.
El 4 de septiembre de 1812, el Primer Triunvirato dictó una disposición destinada a fomentar la inmigración y ofrecer protección a personas de todas las naciones y a sus familias que quisieran establecerse en el territorio.
Ese acontecimiento se convirtió en el antecedente histórico de la conmemoración.
Más de un siglo después, en 1949, durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón, el Decreto N.º 21.430 estableció oficialmente el 4 de septiembre como Día del Inmigrante, precisamente en recuerdo de aquella disposición de 1812 y como reconocimiento al aporte de las personas inmigrantes a la Argentina.
¿Qué significa inmigración?
Inmigrar significa llegar a un país diferente al de origen para establecerse allí. Vista desde el lugar de destino, la inmigración es el movimiento de personas que atraviesan fronteras y pasan a residir en otro país, temporal o permanentemente.
Detrás de esa definición existen millones de historias. Personas que dejaron su tierra por razones económicas, familiares, sociales o políticas; algunas escapando de guerras o persecuciones y otras buscando trabajo, oportunidades y un lugar donde desarrollar un proyecto de vida.
Argentina fue durante diferentes períodos históricos un importante destino de esos movimientos migratorios.
Las grandes oleadas de fines del siglo XIX y comienzos del XX marcaron profundamente la conformación demográfica, económica, social y cultural del país. Italianos y españoles tuvieron una presencia especialmente numerosa, junto con personas provenientes de muchos otros lugares de Europa y del mundo.
Aquellos inmigrantes trabajaron en el campo, los puertos, las fábricas, los talleres y los comercios; formaron familias, crearon instituciones y se incorporaron a la vida de pueblos y ciudades.
Pero la historia de la Argentina no comienza con aquellos barcos llegados desde Europa, ni puede explicarse solamente a partir de ellos.
Las raíces africanas que durante demasiado tiempo fueron invisibilizadas
Hablar de la conformación de nuestro país también exige reconocer a los pueblos originarios preexistentes y recuperar otra parte fundamental de nuestra historia: la presencia africana y afroargentina.
Y aquí existe una diferencia histórica indispensable: muchos de los primeros africanos que llegaron al actual territorio argentino no fueron inmigrantes voluntarios. Fueron hombres, mujeres y niños arrancados de sus lugares de origen y trasladados por la fuerza mediante la trata esclavista.
Su presencia formó parte de la vida económica, social y cultural del territorio. Los afrodescendientes también participaron de momentos decisivos de nuestra historia, incluidas las luchas revolucionarias y por la Independencia.
Sin embargo, durante mucho tiempo una parte significativa de esa historia fue invisibilizada y se instaló en el imaginario colectivo la idea de que la población afroargentina había desaparecido.
La realidad es mucho más compleja. La comunidad afrodescendiente argentina continúa presente es diversa y con presencia en varias provincias del país. A los descendientes de aquellas poblaciones históricas se sumaron posteriormente migraciones voluntarias provenientes de África y afrodescendientes llegados desde distintos países latinoamericanos y caribeños.
Reconocer esa raíz no significa llamar inmigrantes a quienes fueron traídos por la fuerza como personas esclavizadas. Significa comprender que la Argentina fue construida por historias diferentes y que no todas las personas llegaron a estas tierras de la misma manera.
La inmigración argentina también cambió de rostro
Si durante décadas la imagen más difundida del inmigrante estuvo asociada al europeo que descendía de los barcos, los movimientos migratorios posteriores fueron transformando esa realidad.
Hoy, la inmigración proveniente de nuestra propia región ocupa un lugar central.
El Censo Nacional 2022 registró 1.933.463 personas nacidas en otro país viviendo en viviendas particulares de Argentina, equivalentes al 4,2% de esa población.
Los números muestran claramente el peso de América Latina. Las personas nacidas en Paraguay representaban el 27% de la población nacida en el extranjero y las nacidas en Bolivia el 17,5%.
Venezuela aparecía luego con el 8,4% y Perú con el 8,1%.
También forman parte de la Argentina actual personas provenientes de Chile, Uruguay, Colombia y otros países de América Latina y el Caribe, junto con migrantes llegados desde África, Asia, Europa y otras regiones.
Trabajan, estudian, producen, enseñan, emprenden, forman familias y participan todos los días de la vida de nuestras comunidades.
Por eso, la inmigración no es solamente una fotografía en blanco y negro guardada en los libros de historia.
Una Argentina construida desde muchas raíces
El Día del Inmigrante permite homenajear a quienes eligieron Argentina para construir una nueva vida, pero también ofrece la oportunidad de pensar el país desde toda su diversidad.
Una Argentina con pueblos originarios anteriores a la conformación del Estado; con una presencia africana y afroargentina que durante demasiado tiempo fue negada o invisibilizada; con millones de inmigrantes llegados desde Europa y otras regiones durante las grandes oleadas migratorias; y con generaciones posteriores provenientes principalmente de países hermanos de América Latina, además del Caribe, África, Asia y otros lugares del mundo.
No todas esas historias son iguales y tampoco deben confundirse. Algunas estuvieron vinculadas a decisiones personales y familiares; otras, como la llegada forzada de africanos esclavizados, estuvieron atravesadas por una de las formas más brutales de explotación humana.
Pero todas permiten comprender una Argentina mucho más diversa de lo que durante décadas se contó.
Este 4 de septiembre, recordar por qué existe el Día del Inmigrante también significa reconocer a quienes llegaron, hicieron de esta tierra su hogar y sumaron sus propias historias a la construcción colectiva.
Porque la Argentina no se construyó desde una única procedencia, una única cultura ni una única identidad.
Se construyó —y continúa construyéndose— desde muchas raíces.
Raíces Digital: Objetivos, pero no imparciales.