Historia, genocidio y silencio: por qué todavía discutimos a Roca
En una entrevista realizada por la Universidad Mariano Moreno, el historiador y escritor Marcelo Valko profundiza en el proceso de “desmonumentar” a Julio Argentino Roca, desmonta los mitos de la historia oficial y expone cómo el poder construyó un relato basado en la negación, la distorsión y el silencio. Una conversación necesaria para comprender por qué la memoria sigue siendo un campo de disputa política y cultural en la Argentina.
La discusión sobre Julio Argentino Roca no es nueva, pero sigue siendo incómoda. Para Marcelo Valko, el debate no gira en torno a una estatua o a una calle, sino a qué modelo de país se legitima cuando se honra a una figura con un prontuario histórico marcado por el genocidio indígena, el saqueo territorial y la consolidación de una elite de poder.
En la entrevista, Valko retoma el recorrido de su trabajo intelectual, que comienza con Pedagogía de la desmemoria, donde plantea un panorama sombrío sobre el accionar de Roca y el genocidio indígena invisibilizado por la historia oficial. Luego aparece Desmonumentar a Roca, un libro nacido de la urgencia política y social, pensado como una herramienta concreta para acompañar a comunidades que empezaban a cuestionar homenajes públicos al ex presidente.
“No se trata de ir y romper una estatua. No atacamos ninguna señal ética pública. Se trata de explicar por qué una persona con un prontuario terrible no merece ningún pedestal”, sostiene Valko. En ese proceso, explica, la clave es la participación democrática: charlas en institutos de formación docente, debates con vecinos, propuestas de nuevos nombres y votaciones en los concejos deliberantes.
El resultado no es menor: más de veinte localidades argentinas ya desmonumentaron a Roca, incluso espacios tan simbólicos como la Base Marambio en la Antártida, donde el único colegio que llevaba su nombre pasó a llamarse Dr. Raúl Alfonsín, tras una decisión votada democráticamente.
Uno de los ejes más potentes de la entrevista es la crítica a la idea de que Roca debe ser juzgado “como un hombre de su tiempo”. Valko desmonta ese argumento con contundencia: “No es cierto que todos pensaban igual. La historia siempre fue una disputa de paradigmas”. En el mismo tiempo histórico convivieron miradas opuestas, como Videla y Rodolfo Walsh, o en el siglo XIX, Sarmiento criticando abiertamente la llamada Conquista del Desierto.
Sobre la campaña militar, Valko es preciso: Roca invade la Patagonia en invierno, con una premura electoral, una decisión que incluso en su época fue cuestionada por su brutalidad y falta de lógica estratégica. No hubo grandes batallas: hubo persecución, captura y exterminio, con prisioneros indígenas trasladados como trofeos para exhibir poder en Buenos Aires.
El relato se vuelve todavía más crudo cuando describe el destino de esos prisioneros. Familias desarmadas, hombres, mujeres y niños repartidos por las “damas de beneficencia” como mano de obra esclava, con la anuencia del Estado y de sectores de la Iglesia. “Se repartían indios como si fueran perritos”, registran diarios de la época citados por Valko.
La entrevista también expone la estructura de poder del clan Roca, una familia que se repartió cargos, tierras y negocios, consolidando una lógica de saqueo que dejó huellas profundas en la Argentina. Mientras figuras como Manuel Belgrano murieron en la pobreza, los responsables del genocidio indígena acumularon estancias, acciones y privilegios, incluso utilizando recursos públicos para erigir monumentos en su honor.
Uno de los episodios más escandalosos que rescata Valko es el protagonizado por ministros de Roca durante la exhumación de los restos de Belgrano, cuando intentaron llevarse dientes del prócer como “recuerdo”. Un bochorno histórico silenciado por parte de la prensa dominante, que demuestra el nivel de degradación moral de esa dirigencia.
Lejos de ser una mirada anacrónica, Valko insiste en que la disputa por la memoria tiene efectos concretos en el presente. “El poder tiene pánico a recordar, sueña con el silencio y elabora un pasado acorde a su presente para que todo siga igual en el futuro”, afirma. Por eso, sostiene, desmonumentar no es borrar la historia, sino discutirla, abrirla, democratizarla.
La entrevista cierra con una reflexión profunda: el silencio también es un discurso, y cuando se impone sobre el terror histórico, produce una postración sociocultural que se transmite de generación en generación. Recordar no es un acto del pasado: es una tarea política del presente.

Groenlandia rechaza las pretensiones del régimen de Trump: “No queremos ser estadounidenses”
Datos personales, espionaje y detenciones: ¿Qué habilita el DNU de Milei?
Mayoría de alemanes rechaza la intervención de EE.UU. en Venezuela, una señal de alarma para la administración Trump
Ianni llamó a “levantar la voz” contra el imperialismo y respaldó la soberanía de Venezuela
Ianni llamó a “levantar la voz” contra el imperialismo y respaldó la soberanía de Venezuela
Centro de Ex Combatientes de Malvinas de La Plata intimó a Milei: “No puede ser gratuito ser un traidor a la Patria”