Parálisis pesquera y amenazas: la guerra interna del langostino

El conflicto por la zafra del langostino ya acumula cuatro meses de parálisis, con 100 buques amarrados, exportaciones frenadas por más de 200 millones de dólares y una escalada de violencia entre gremios, empresas y trabajadores.
Redacción Raíces Digital | Patagonia Atlántica
La industria pesquera argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos. El conflicto por la zafra del langostino ya no es solo una disputa sindical: es una crisis económica, judicial y social que golpea a miles de familias y amenaza con romper toda posibilidad de acuerdo.
Esta semana, el conflicto escaló peligrosamente. Amenazas de muerte a marineros, protestas entre sindicatos y allanamientos judiciales en Chubut dejaron en evidencia el nivel de tensión. Al menos cuatro trabajadores fueron intimidados por aceptar embarcar con Conarpesa. Uno de los mensajes difundidos decía:
“Más vale que no firmes mañana, porque no pisás más Madryn… hay una bala para vos.”
El propio secretario de Pesca de Chubut, Andrés Arbeletche, denunció públicamente las amenazas y ordenó acciones penales. La policía allanó domicilios e incautó teléfonos para investigar el origen de los mensajes.
Al mismo tiempo, afiliados del SOMU y del Simape protestaron frente al Sindicato de Capitanes de Pesca en Mar del Plata, lo que visibilizó una grieta sindical profunda. La fractura es evidente: mientras Capitanes y Maquinistas aceptaron renegociar los ítems por producción, SOMU y Simape se niegan a cualquier modificación del Convenio Colectivo de Trabajo.
Desde el SOMU, Oscar Bravo afirmó que “no hay nada legal que firmar fuera del convenio vigente”, mientras que Pablo Trueba (Simape) acusó a las empresas de “querer romper la paz social”. Del otro lado, las cámaras empresarias advierten que el costo laboral representa el 60% de la operación, y que sin actualizar el Convenio Colectivo de Trabajo, trabajar es directamente “a pérdida”.
En medio del caos, solo una empresa —Buenos Aires Pesca SA— logró un acuerdo parcial con ambos gremios para que dos buques tangoneros zarpen bajo un esquema transitorio. Pero la excepción no cambia la regla: la flota sigue amarrada, las exportaciones frenadas y las pérdidas se multiplican.
Según estimaciones del sector, ya se perdieron más de 200 millones de dólares, y hay unas 5.000 familias afectadas en todo el país, especialmente en Chubut, Santa Cruz y Buenos Aires. La falta de un acuerdo real también repercute en el empleo, la paz social y la imagen internacional de la pesca argentina.
🧭 Cierre editorial:
Lo que está en juego no es un precio por kilo, ni un ítem salarial: es la paz social, el derecho al trabajo sin miedo y el sustento de comunidades enteras. Si no hay diálogo real, no habrá zafra, pero tampoco habrá justicia.