Ucrania en crisis institucional: crece el descontento ante la ofensiva contra organismos anticorrupción

Zelensky enfrenta protestas masivas y advertencias internacionales tras impulsar una reforma que pone en jaque la independencia de los entes que investigan la corrupción. El modelo político que emergió de Maidan comienza a mostrar signos de agotamiento.
Por primera vez desde el inicio de la guerra con Rusia, miles de ciudadanos ucranianos salieron a las calles no para defender su territorio, sino para exigir transparencia y frenar lo que muchos consideran un retroceso democrático. La aprobación de una ley que debilita la autonomía de los organismos anticorrupción —en particular de la Oficina Nacional Anticorrupción (NABU) y de la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO)— ha generado un temblor político en Kiev y encendido alarmas en las capitales de Europa.
La nueva norma transfiere facultades clave al fiscal general, un funcionario cercano al presidente Volodímir Zelensky. La medida es interpretada como un intento de concentrar el poder y limitar los controles institucionales en un país cuya democracia sigue en estado frágil, especialmente en medio de una guerra prolongada y devastadora.
El costo político de debilitar la lucha contra la corrupción
El descontento popular no tardó en expresarse. Las protestas estallaron en Kiev, Lviv, Odesa y otras ciudades, lideradas por organizaciones de derechos humanos, referentes cívicos y sectores que habían respaldado al presidente en sus primeros años de mandato. La gota que rebalsó el vaso fue la detención del activista Vitaliy Shabunin y las redadas en oficinas que hasta hace poco eran símbolo de la transparencia ucraniana.
La reacción internacional fue igual de contundente. Voceros del G7, funcionarios de la Unión Europea y legisladores estadounidenses advirtieron que esta decisión podría afectar el flujo de ayuda financiera, condicionar los acuerdos militares y frenar el camino de Ucrania hacia su integración plena con Europa. La Comisión Europea ya exigió explicaciones y pidió revertir la reforma.
Ante la presión, el gobierno anunció un nuevo borrador de ley que restablecería ciertas garantías de independencia para NABU y SAPO, aunque analistas dudan de la voluntad real de cambio.
Una democracia en tensión bajo la sombra de la guerra
Zelensky llegó al poder como un símbolo de renovación política, con la promesa de combatir la corrupción y transformar las estructuras enquistadas del Estado. Sin embargo, el conflicto con Rusia ha permitido justificar avances sobre libertades cívicas y concentraciones de poder bajo el argumento de la seguridad nacional.
Hoy, ese equilibrio parece haber colapsado, y lo que para muchos fue un gobierno de resistencia, se ha transformado en un modelo verticalista, que pone en entredicho las conquistas democráticas del país.
“Este no es un ataque aislado. Es parte de una tendencia preocupante: el reemplazo del control cívico por lealtad política”, alertó un informe del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Democrática.
Lo que está en juego no es solo el presente institucional de Ucrania, sino también su credibilidad ante la comunidad internacional. Si la lucha contra la corrupción se convierte en una pieza negociable del tablero político, las bases de la ayuda exterior y del respaldo europeo corren riesgo de resquebrajarse.
Un modelo en crisis
A casi una década de la Revolución del Maidan, el “modelo Zelensky” muestra señales de agotamiento. Las condiciones extraordinarias impuestas por la guerra no pueden ser excusa para socavar el control ciudadano sobre el poder.
La comunidad internacional, que hasta ahora ha apoyado incondicionalmente al gobierno ucraniano frente a Rusia, comienza a marcar límites. Y el pueblo ucraniano, que ha pagado un precio altísimo por su soberanía, también empieza a exigir que la defensa del país no sea incompatible con la defensa de sus instituciones democráticas.