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Casi medio siglo después, el ADN de una nieta recuperada permitió identificar los restos de su padre desaparecido

Carlos Simón Poblete Brizuela tenía 33 años cuando fue secuestrado en Córdoba durante la última dictadura. Su compañera, María del Carmen Moyano Maure, estaba embarazada y también fue secuestrada. La hija de ambos nació en cautiverio, fue apropiada y recuperó su identidad cuatro décadas después como la nieta 127. Ahora, una muestra genética aportada por ella permitió ponerle nombre a los restos de su padre.

Durante casi cincuenta años, Carlos Simón Poblete Brizuela fue uno de los miles de desaparecidos que dejó el terrorismo de Estado en la Argentina. Su familia conocía su nombre, su historia y su militancia, pero faltaba una respuesta elemental que la dictadura había intentado borrar junto con tantas otras huellas de sus crímenes. Saber qué había ocurrido con su cuerpo.

Carlos había nacido en San Juan el 2 de noviembre de 1944. Estudiaba Ingeniería, había militado en la Juventud Peronista y posteriormente en Montoneros. Tenía 33 años cuando fue secuestrado en Córdoba en abril de 1977 junto con su compañera, María del Carmen Moyano Maure, que estaba embarazada.

La reconstrucción judicial realizada décadas después permitió establecer parte del recorrido que siguió la pareja dentro del aparato clandestino de la dictadura. Carlos y María del Carmen fueron llevados al centro clandestino de detención La Perla, uno de los principales engranajes de la represión ilegal en la provincia de Córdoba.

María del Carmen fue posteriormente trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, en Buenos Aires. Allí dio a luz aproximadamente en junio de 1977. La niña permaneció apenas unos días junto a su madre antes de ser separada de ella y apropiada. Fue inscripta como hija biológica de otras personas y creció sin conocer su verdadera identidad.

Durante décadas, aquella niña vivió una historia construida sobre el ocultamiento de su origen. Hasta que la búsqueda sostenida por los organismos de derechos humanos y la investigación genética consiguieron atravesar ese silencio.

El 27 de diciembre de 2017 se confirmó que Miriam era hija de Carlos Simón Poblete Brizuela y María del Carmen Moyano Maure. Se convirtió así en la nieta recuperada número 127. La restitución de su identidad reconstruyó una parte de la historia familiar que la dictadura había intentado desaparecer
Pero todavía faltaba Carlos.

Sus restos estaban mucho más cerca de una respuesta de lo que durante años pudo imaginarse. Habían sido exhumados a partir de los trabajos realizados desde 2010 en el Cuadro 33 del Cementerio de la Ciudad de Mendoza, un lugar en el que fueron enterradas personas sin identificar y donde las investigaciones permitieron localizar también restos correspondientes a víctimas del terrorismo de Estado.

Durante años aquellos restos permanecieron sin nombre.

La respuesta llegó a través de la misma historia que había comenzado en un centro clandestino casi medio siglo atrás. Miriam aportó una muestra de sangre y el análisis genético permitió establecer que los restos pertenecían a su padre. El Equipo Argentino de Antropología Forense pudo finalmente identificar a Carlos Simón Poblete Brizuela.

El ADN de aquella hija nacida en cautiverio y privada de su identidad terminó ayudando a reconstruir también la identidad que el terrorismo de Estado había intentado quitarle a su padre.

La identificación no constituye solamente una respuesta para una familia. Permite reconstruir materialmente el recorrido de una víctima de la represión clandestina y aporta una nueva pieza a la investigación histórica y judicial sobre el funcionamiento del terrorismo de Estado. Cada identificación permite recuperar nombres, establecer destinos y desmontar una parte del mecanismo de ocultamiento construido por la dictadura.

La historia de Carlos, María del Carmen y Miriam reúne varias dimensiones de aquel sistema represivo. La persecución política, los centros clandestinos, las desapariciones, los enterramientos sin identidad, las mujeres embarazadas mantenidas en cautiverio, los nacimientos clandestinos y la apropiación de sus hijos formaron parte de una estructura organizada desde el Estado.

Casi medio siglo después del secuestro, Carlos Simón Poblete Brizuela recuperó su nombre allí donde la dictadura había dejado un NN.

Y fue el ADN de su propia hija, aquella niña nacida en cautiverio a la que también habían intentado arrebatarle su identidad, el que finalmente permitió encontrarlo.

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