EVITA, LA BANDERA QUE NUNCA BAJAMOS

A 73 años de su paso a la inmortalidad, Eva Perón sigue siendo faro, símbolo y combate. Desde los barrios hasta los libros, desde las luchas obreras hasta los sueños de las mujeres, su huella sigue marcando el pulso de la historia popular argentina.
Por Redacción Raíces Digital
La historia argentina está llena de nombres, pero hay muy pocos que, al ser pronunciados, desatan tanto amor, odio, pasión y memoria como el de Eva Duarte de Perón. Hija del pueblo, actriz de vocación y militante por elección, Evita fue y sigue siendo la síntesis más conmovedora de lo que puede una mujer con coraje, política y sensibilidad social.
Nació en 1919, en Los Toldos. Vino del dolor, de la pobreza, del desamparo de una patria que a muchos les negaba el pan y la dignidad. Y fue desde ahí que eligió no acomodarse nunca. Desde la radio y el cine hasta el corazón del pueblo trabajador, Eva no trepó al poder: lo transformó.
En apenas seis años como primera dama (1946-1952), tejió una red de obras sociales, fundaciones, hospitales, hogares, sindicatos y derechos que jamás había conocido la Argentina. Su lucha por el voto femenino, su conducción del Partido Peronista Femenino y su prédica de “la mujer nueva” cambiaron la historia del país.
Evita no fue decorativa. Fue peligrosa. Por eso la odiaron. Y por eso la siguen atacando.
Fue la voz de los “grasitas”, de los niños descalzos, de los obreros sin leyes, de las mujeres silenciadas. Pero también fue un látigo contra la oligarquía, una amenaza para los privilegios, una pesadilla para los que siempre gobernaron a espaldas del pueblo.
Murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años, cuando el cáncer le arrebató el cuerpo, pero no el alma. Su funeral fue el más masivo y desgarrador que haya visto América Latina. Y su legado, desde entonces, se volvió bandera de lucha, de amor y de justicia social.
Hoy, en tiempos de ajuste, persecución, negacionismo y represión, volver a Evita no es un ritual: es una necesidad política. Porque, como ella misma dijo, “donde hay una necesidad, nace un derecho”. Y porque nuestra historia no empezó con los que hoy intentan borrarla.
Evita no se fue. Se multiplicó. Vive en cada mujer organizada, en cada trabajador que resiste, en cada joven que sueña un país para todos.